sábado, 17 de septiembre de 2011


Este miércoles

O. ESTRADA



Vuelvo al juzgado para seguir con mis casos falsos y veo como la gente pierde el tiempo pensando que los ata cadenas que no existen. Divorcios de matrimonios que nunca fueron, demandas de alimentoscontra padres que bucarán a sus hijos cuando envejezcan y no podránreconocerlos.

En este juzgado, como en todos los juzgados del mundo, los abogados se confunden con las sillas. Las risas aprendidas en una clase de derecho romano es tan falsa como sus títulos grises.

Papeles amarillos se apilan en las esquinas, cientos de historias repetidas una y otra vez. Se reparten sentencias como quien reparte la gripe o alguna peste medieval.

Un día vi un hombre llorar desconsolado. Su hijo recibió una condena de 30 años y el hombre no podía dejar de recordar aquel niño que nunca supo salirse a tiempo de problemas. Cuando mi niño salga habré muerto,(dijo). El hombre estaba equivocado. Su hijo morirá primero en una celda oscura de Támara.

O la madre que demandó a sus hijos por comida y perdió, como perdió todo en los casinos de Tegucigalpa.

En los juzgados la vida no prospera. Se queda afuera esperando ser enmendada por ineptitud de libelo.



14 de Septiembre

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